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Luis García. Director Editorial de Instaladores 2.0

El año recién iniciado se presenta como un ejercicio de gran trascendencia para los sectores eléctrico y energético. La sociedad ha interiorizado y hecho suyos por fin los problemas derivados del cambio climático y eso determina la necesidad de profundizar en todas las vertientes del desarrollo sostenible: la movilidad, la edificación, el consumo energético en definitiva. Todo se orienta en esa dirección, empujado además por la convicción de que el precio de la propia energía se ha disparado y seguirá así por tiempo indefinido. El autoconsumo o el vehículo eléctrico han pasado de generar una información residual a ser el centro de la actualidad y del debate en muchos casos. En esa misma línea evolucionan conceptos como el de la Economía Circular. Y por si fuera poco, 2019 es el año en el que comienza la descarbonización: en una década deberían cerrarse atendiendo a ese calendario una veintena de instalaciones generadoras de energía no limpia. Y aunque las centrales nucleares y de carbón no supongan más del 10% del total de la potencia instalada, producen alrededor de un tercio del total de la energía que se genera en España.

No es el de la generación eléctrica el único ámbito en el que nuestro país va con retraso respecto a la evolución tecnológica que depara el futuro. En lo que tiene que ver con la construcción sostenible, los países del sur de Europa somos también los que menos avanzan. Pero la normativa europea nos exige cada vez más. 2019 es el año en el que todos los edificios públicos ya deberían ser de consumo casi nulo. El Ministerio de Fomento quiere contribuir a ello, pero aún no ha aprobado la normativa con la que quiere poner al día los nuevos requisitos de eficiencia energética. Y es necesario porque dos tercios del parque de 25 millones de viviendas tienen 30 años o más y no cumplen los estándares mínimos en este sentido. Falta formación aún sobre lo que implica que un edificio sea de consumo casi nulo, incluso entre los profesionales, y falta divulgación también entre la sociedad, que ni siquiera tiene completamente claros los beneficios que implica una mayor eficiencia energética en su vivienda.

«El reto del cambio aplicado al sector energético es una realidad imparable por lo tanto, aunque todavía de cierta indefinición»

 

Algo parecido ocurre con la movilidad eléctrica, que ha provocado incluso una indefinición entre los compradores de vehículos, que dudan entre apostar por la compra de vehículos convencionales o decantarse por los híbridos, a la espera de que el vehículo eléctrico comience a sustituir al térmico de verdad. Y en lo que se refiere al autoconsumo, pese al giro radical que ha supuesto la eliminación del “impuesto al sol” tampoco hay certidumbres sobre lo que depara el futuro, para qué tipos de instalaciones y de consumidores va a ser rentable producir y consumir nuestra propia energía, cómo evolucionarán figuras como el autoconsumo compartido, etc.

El reto del cambio aplicado al sector energético es una realidad imparable por lo tanto, aunque todavía de cierta indefinición. Es indudable el pálpito social acerca de la necesidad de ese cambio, pero no hay tanta certeza sobre la voluntad política de aplicarlo realmente y si el sistema económico y financiero, que es el que finalmente rige los designios de quiénes gobiernan, preferirá dar el paso o seguirá amparado en los beneficios que le reporta el actual y a veces salvaje estado de las cosas.