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Opinión

Santiago Heredero Cruces, Director de Marketing & Estrategia en Waveconomy

“Estamos revisando la certificación”, la frase favorita de quien tiene que pagar

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“Estamos revisando la certificación”, la frase favorita de quien tiene que pagar, un artículo de Santiago Heredero Cruces
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(Nueva entrega de la colaboración de Waveconomy con Instaladores 2.0, que incluye artículos concebidos como píldoras informativas sobre el riesgo basado en datos reales de facturación y comportamiento de pago. Waveconomy es una plataforma que mide cómo pagan realmente las empresas, con datos de facturación verificados y en tiempo real). 

 

Por qué esta frase es la opción favorita para quien te tiene que pagar y la fecha de caducidad que casi nadie le pone.

 

Terminas la instalación un martes. Recoges las herramientas, mandas el parte y la factura, y sigues con tu vida, que en el fondo es la siguiente obra. A las tres semanas llamas para preguntar y alguien, muy amable, te suelta la frase que ya conoces de memoria: “Estamos revisando la certificación”.

Fíjate en lo bien construida que está. Nadie te dice que no; te dicen que todavía no. Y ese “todavía” es el plazo más elástico de tu negocio. Tú sabes que la ley marca 60 días para pagar. Lo que casi nadie cuenta con el mismo entusiasmo es desde cuándo corren.

 

¿Quién pita el inicio?

El plazo de pago no arranca cuando tú acabas. Arranca cuando el cliente da su conformidad a lo que has hecho: cuando firma la certificación, cuando valida el parte, cuando alguien en una oficina decide que el trabajo está bien.

Sobre el papel, es razonable: nadie paga algo sin comprobar que está hecho. El problema es el diseño del reloj. Es como jugar un partido en el que el árbitro solo pita el inicio cuando le parece bien a uno de los dos equipos: hasta entonces no hay partido, no hay minutos y, sobre todo, no hay prisa. Mientras el cliente no firme, no ha empezado a contar nada. Y mientras no ha empezado a contar nada, nadie está pagando tarde. Todo está, técnicamente, dentro de plazo. Por eso en este sector nada se revisa con tanto mimo como una factura.

 

La ley ya había oído la frase

Aquí viene lo que casi nadie sabe, y está escrito en el artículo 4 de la Ley 3/2004, la de lucha contra la morosidad.

Santiago Heredero Cruces, Director de Marketing & Estrategia en Waveconomy

Santiago Heredero Cruces, Director de Marketing & Estrategia en Waveconomy

Cuando un contrato prevé un procedimiento de aceptación o comprobación, ese procedimiento no puede durar más de 30 días naturales desde que entregas el trabajo. 30. Después, el cliente tiene otros 30 para pagar. Y por mucho que se pacte lo contrario, el plazo de pago nunca puede pasar de 60 días.

Dicho de otra manera: “lo estamos revisando” tiene fecha de caducidad legal. No es un estado de ánimo del departamento de administración; es un plazo. Y los plazos se acaban.

Y hay más. Si el cliente se pasa, entra en mora de forma automática, sin que tengas que avisarle ni reclamarle nada. Desde ese día le corren intereses a un tipo que ningún banco te va a ofrecer jamás por tu dinero: el del Banco Central Europeo más ocho puntos. Y encima te debe 40 euros fijos por cada factura en concepto de costes de cobro, los pidas o no.

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La ley no es ingenua. Se sabe la frase de memoria. Lo que no puede es contestarla por ti.

 

«Citarle la Ley 3/2004 al jefe de obra que tiene que darte el próximo trabajo es un deporte de riesgo. La ley te protege del cliente; no te protege de perderlo. Y en un sector donde la cartera se hace con tres o cuatro constructoras que se conocen entre ellas, nadie quiere ser el instalador que se presentó con el BOE impreso bajo el brazo.», Santiago Heredero Cruces

 

 

¿Por qué casi nadie la usa?

Porque citarle la Ley 3/2004 al jefe de obra que tiene que darte el próximo trabajo es un deporte de riesgo.

La ley te protege del cliente; no te protege de perderlo. Y en un sector donde la cartera se hace con tres o cuatro constructoras que se conocen entre ellas, nadie quiere ser el instalador que se presentó con el BOE impreso bajo el brazo.

El resultado es de manual: la norma existe, los intereses existen, los 40 euros existen, y casi nadie los cobra. El cliente lo sabe. En toda la cadena solo hay un plazo que se cumple con puntualidad suiza: el que tardas tú en decidir que no merece la pena pelearlo.

 

Lo que sí está en tu mano

No hace falta demandar a nadie para que la ley trabaje a tu favor. Basta con no regalar excusas. Y la primera, casi siempre, sale de tu propia oficina.

La misma ley que le pone plazo al cliente te lo pone a ti: tienes 15 días desde que terminas para hacer llegar la factura. Cada día que tardas en facturar es un día que regalas y una coartada que entregas. Nadie puede revisar despacio una factura que todavía no le ha llegado. Pero tampoco puede pagarla.

Luego está la fecha. Los 30 días de revisión cuentan desde que entregas el trabajo, no desde que alguien se acuerda de reconocerlo. Esa fecha tiene que existir por escrito antes de que nadie la discuta: un parte firmado, un correo, una foto de la instalación terminada con el día puesto. Lo que no está escrito en julio, en septiembre no ocurrió.

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Y hay una parte de la partida que se juega antes de firmar. Hay clientes que revisan en 10 días y pagan en 30, y clientes para los que “estamos revisando” es una forma de vida. Saber con cuál de los dos estás tratando antes de aceptar la obra vale más que cualquier artículo de cualquier ley. En Waveconomy nos dedicamos precisamente a eso: WaveScore te dice a cuántos días paga de verdad un cliente, con datos de facturación reales y no con lo que cuenta su departamento de compras.

La próxima vez que te mencionen la frase, que te digan que están revisando la certificación, no hace falta que cites a nadie ni que levantes la voz. Basta con que sepas lo mismo que ellos: que la frase caduca.