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Marta de Bustos

Marta de Bustos Nuñez, CEO & Founder en Waveconomy

El proveedor perfecto es el que nunca se queja

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El proveedor perfecto es el que nunca se queja
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(Waveconomy es una plataforma que mide cómo pagan realmente las empresas, con datos de facturación verificados y en tiempo real. Su objetivo es que las pymes puedan evaluar el riesgo de su cartera de clientes antes de vender, no después de sufrir un impago). 

 

Cómo muchas empresas terminan premiando a quienes soportan más retrasos, más presión y más riesgo.

El proveedor más valioso de muchas compañías no suele ser el más barato, ni el más innovador, ni siquiera el más eficiente. Muchas veces es simplemente el que nunca se queja. El que acepta el cambio de última hora sin rechistar y entrega, aunque la orden llegue tarde. Especialmente, el que sigue trabajando, aunque lleve meses esperando cobrar. Siempre encuentra por dónde seguir.

Hasta que un día no puede. 

 

 

El premio invisible

Vender bien y cobrar tarde: la guerra que libras contigo mismo. Marta de Bustos, Waveconomy

Marta de Bustos Núñez, CEO & Founder en Waveconomy

Cuando una empresa identifica a un proveedor así, no suele cuidarlo, ni formalizarlo, ni asegurarlo, que sería lo lógico. Lo que suele pasar, casi sin darse cuenta, es cargarle más. Le mete la obra urgente que a otro instalador no le pediría un viernes por la tarde. Le aprieta los plazos de certificación que con el resto negocia con calma. Le deja adelantar el material antes de tener nada firmado (porque sabe que lo va a hacer igual). El camino de menor resistencia se recorre más porque nadie lo frena, y nadie lo frena porque el proveedor tampoco pone límites. Cuando alguien deja de decir hasta aquí, la otra parte deja de buscar dónde está ese límite.

Así, la fiabilidad termina convirtiéndose en una penalización dentro de muchas cadenas de suministro. Quien entrega puntualmente recibe más pedidos urgentes. Quien absorbe cambios sin quejarse, absorbe más cambios. Quien espera a cobrar sin presionar, acaba esperando cada vez más. Lo que empezó como confianza termina siendo dependencia unilateral: uno pone el trabajo, los plazos y el margen; el otro pone las condiciones. Nadie actúa de mala fe. Es el exceso de tolerancia, y la tolerancia, tarde o temprano, alguien la acaba pagando.

 

Cuando el compromiso se convierte en financiación

Hay un momento en la vida de muchas pymes en el que la frontera entre prestar un servicio y financiar una operación se vuelve invisible. Se adelanta material porque la obra no puede parar, se adelanta personal un fin de semana porque hay que cumplir plazo de entrega, se adelanta tesorería porque la factura no puede emitirse hasta que alguien firme el certificado. Y sin que nadie lo haya negociado formalmente, la pyme pasa a ser el banco de su cliente. Con una diferencia: el banco cobra por prestar dinero. La pyme no.

 

Los proveedores que desaparecen

Muchas pymes no cierran por falta de clientes: cierran por exceso de clientes equivocados. Y no siempre es el que no paga quien hace el daño; muchas veces es el que sí paga, pero tarde, o el que exige condiciones que van descapitalizando poco a poco. Sobre el papel es justo el tipo de cliente que cualquier instalador querría tener. En la práctica, su volumen obliga a financiar un desfase que la caja no puede sostener.

 

Tres señales de que te has convertido en el proveedor perfecto

  1. Nunca dices que no a una obra urgente, aunque te toque mover plantilla un fin de semana.
  2. Aceptas el retraso en el certificado de final de obra sin preguntar, aunque sepas que eso retrasa también tu cobro.
  3. Cuando algo falla en la instalación, el riesgo cae de tu lado casi por costumbre, aunque el material lo hayas puesto tú anticipado.

Si te reconoces en las tres, funcionas como el amortiguador financiero de ese cliente: absorbes los golpes para que su operación no los sienta.

 

El límite que no tienes que poner tú

Al proveedor perfecto le cuesta decir hasta aquí. No porque no sepa dónde está el límite, sino porque decirlo en voz alta significa arriesgar la relación con el cliente que le da de comer. Es una conversación que casi nadie tiene ganas de tener.

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Con el WaveScore no tienes ese problema. Es un dato, no una discusión. Antes de aceptar la próxima obra, la próxima ampliación de plazo o la próxima promesa de pago, puedes ver cómo se comporta ese cliente con quienes ya trabajan con él. El límite lo pone el histórico de pagos. No tienes que ponerlo tú en una llamada incómoda.

El mercado está lleno de proveedores excelentes que desaparecieron precisamente por ser demasiado buenos proveedores.