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Luis García Muñoz

Voy a contarles una breve historia…

Debe hacer algo más de 15 años de una de las primeras conversaciones que recuerdo con Andrés Gálvez, que hasta la semana pasada ha ejercido como secretario general de Apeme, la asociación que agrupa a los instaladores alicantinos. Por entonces yo era director o redactor jefe –o quizá ambas cosas, pero eso es lo de menos- de una revista especializada del sector eléctrico, cuya cabecera se ganó una cierta reputación, pero que hace años que dejó de existir. A nuestros oídos había llegado una información sobre un supuesto movimiento de amplio calado “político” en el sector y en una asociación en particular, que situaba en aparente posición de ventaja a una parte de nuestra competencia. En la redacción cundió el nerviosismo y se pusieron en marcha algunas gestiones para conocer el alcance de la maniobra y tratar de desactivar sus efectos. La labor que a mí me tocaba consistía en enterarme de los detalles, como se supone que debe hacer cualquier periodista que se precie, otra cosa es luego el uso que algunos hagan de ello. El caso es que mi intuición me había hecho ver que mi primera llamada debía ser a Andrés y le hice caso. Por aquel entonces yo no llevaba muchos años en el sector y, a veces, sentía que debía guiarme más por las sospechas que por las certezas. Después de todo, la conversación tenía su miga porque, como he dicho antes, el asunto tenía calado y la información era muy relevante y poco conocida.

 

Andrés me cogió el teléfono a la primera e hizo el mismo ejercicio de discreción y profesionalidad que le he visto hacer luego tantas veces desde entonces”

 

Andrés Gálvez, Apeme

Andrés me cogió el teléfono a la primera e hizo el mismo ejercicio de discreción y profesionalidad que le he visto hacer luego tantas veces desde entonces. Sin dejar de ser cordial y hasta afectuoso, no me dijo nada que no pudiera contarme, pero tampoco dejó de responderme a ninguna de las preguntas que le hice. En diez minutos me demostró cómo se puede actuar con toda la naturalidad e inteligencia, respondiendo a la vez a los intereses profesionales de su cargo, sin dejar de ser pulcramente cuidadoso en la atención, en este caso, a un medio de comunicación. Percibí entonces esa habilidad, pero con los años he podido constatarla muchas más veces y mucho mejor. Y lo que es mejor, he podido disfrutar de su confianza y su amistad. Reunir todas esas cualidades y ponerlas en escena a la vez me parece lo más parecido a la elegancia profesional. Ahora que Andrés se echa a un lado y deja su responsabilidad en Apeme creo que es buen momento para decirlo en alto. Conozco bastantes secretarios de asociaciones que emplean en su trabajo idénticos ingredientes a los que ha empleado él, pero por suerte no se jubilan todas las semanas. Si así fuera, el sector estaría multiplicando el sincero lamento que supone perder el capital profesional de alguien como Andrés Gálvez. En todo caso, el descanso lo tiene más que merecido y espero que lo disfrute mucho.