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Luis García. Director Editorial de Instaladores 2.0

Las elecciones que Apiem celebra este jueves día 13 son tal vez las más importantes de su casi centenaria historia. No en vano, la asociación se juega recuperar el prestigio perdido en los últimos años de litigios judiciales, controversia constante y, lo más pernicioso de todo, total ausencia de los elementos que garantizan el control democrático por parte de sus socios: la asamblea general y los presupuestos anuales. Ninguno de los dos se han convocado ni aprobado en los últimos años, con lo que la situación de interinidad se ha acentuado, más allá aún de lo que supone la sentencia judicial de junio de 2017, que anuló los anteriores comicios y obligó a una nueva convocatoria que se ha retrasado más de dos años y medio.

En esto cinco años Apiem ha intentado dar apariencia de una normalidad institucional que no era tal, ha seguido manteniendo la actividad con las empresas asociadas, ha firmado acuerdos y tomado iniciativas e incluso ha organizado un certamen ferial que va ya por su cuarta edición, pero todo ello es consecuencia de la dilación de los procesos judiciales, que muchas de las veces son incapaces de resolver con la suficiente diligencia el resultado de los conflictos que se dirimen o incluso la aplicación de las sentencias que los mismos juzgados resuelven. Y ese retraso que parece que puede beneficiar a unos o a otros, según quien lleve la razón, a quien de verdad le hace más daño es a la propia asociación, que se acostumbra a vivir y también a los que interaccionan con ella en un estado de inacabable provisionalidad que parece que va a durar siempre.

«Así las cosas, triunfe la candidatura que triunfe en las elecciones del jueves, quien verdaderamente triunfará en ellas será la propia asociación. Pero para que eso ocurra necesitará garantizar como requisito indispensable la total limpieza y neutralidad del proceso»

 

Así las cosas, triunfe la candidatura que triunfe en las elecciones del jueves, quien verdaderamente triunfará en ellas será la propia asociación. Pero para que eso ocurra necesitará garantizar como requisito indispensable la total limpieza y neutralidad del proceso. Si no fuera así y fuera puesto en entredicho con nuevas quejas y denuncias sobre los procedimientos, entonces sólo será la propia Apiem quien más pierda. Y mucho tiene que ver en ello la figura de la perito judicial que rige sus designios desde hace unos meses. En sus manos y en los de la Junta Electoral -cuya composición sigue siendo un misterio- está poner todos los medios para que el proceso tenga una transparencia ejemplar y todas las garantías para que los derechos de ambas candidaturas y de todos los votantes que quieran hacer efectivo su voto puedan salvaguardarse con el mayor rigor. Porque, teniendo en cuenta los antecedentes de irregularidades, dicho rigor va a ser observado con mucho más interés en este caso. De modo que la neutralidad de quienes cuidan del proceso es más relevante que nunca.

Comoquiera que hace 5 años, en las elecciones anuladas de 2015, el conflicto estuvo centrado única y exclusivamente en el voto por correo, lo deseable y lo que más higiene aseguraría sería una afluencia masiva de votantes presenciales. Claro que eso no depende más que de los asociados y de su voluntad de participar y hacerlo personándose ante las  urnas. En todo caso, cualquier llamada en este sentido parece idónea para ofrecer garantías. Sería la mejor carta de presentación que la junta directiva de Apiem que sea elegida el jueves, ya esté encabezada por Ángel Bonet o por Rafael Ontañón, tendría para demostrarle al sector que cualquier tiempo pasado fue peor y que se inicia ahora una nueva etapa que no tiene nada que ver con aquella.