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Decálogo de aptitudes para identificar al “Instalador de Éxito” pospandemia

El siguiente decálogo es un ejercicio de estilo, pero es también el resultado de muchas impresiones recogidas en el sector eléctrico y, muy especialmente, en la etapa más reciente. Seguramente al lector se le ocurran otras aptitudes* que pueda creer que encajan mejor en una lista como ésta, pero todas las que se incluyen tienen una razón para el lugar que ocupan y un eco en muchas de las conversaciones profesionales recientes a las que hemos asistido desde Instaladores 2.0.

 

  1. La capacidad técnica es el primer paso imprescindible

Y seguramente es el que menos se pone en duda. Los conocimientos de los instaladores y la solvencia profesional en su materia habitual son la menos cuestionable de sus cualidades, aunque siempre haya excepciones a la regla. Hablamos de una profesión en actualización constante y muy dependiente de normas en las que reglamentar la complejidad de las instalaciones y la obligación de reducir al máximo el riesgo que conllevan. Por lo tanto, las necesidades que el instalador tiene de estar al día en su trabajo cotidiano son una constante que lleva incorporada a su mentalidad profesional.

 

  1. Más allá del instalador, ser un verdadero empresario

Esta es una de sus “eternas” tareas pendientes. Ganar credibilidad como empresario, como gestor, llevar a cabo una planificación adecuada de la empresa, disponer de toda la información para poder mejorar los márgenes y mejorar también la competitividad a partir de otros parámetros que el mero desempeño del negocio.

 

  1. El factor comercial: la capacidad para saber vender el trabajo que desarrolla la empresa

Otro de los clásicos… El instalador es muy buen profesional, pero no siempre sabe transmitírselo a sus clientes y a sus potenciales clientes, prefiere concentrarse en la instalación y ya está. Muchas veces es más necesaria la capacidad para transmitir las bondades de un trabajo, que el propio trabajo en sí. Seguramente no está de más también la formación en este ámbito, como en todos los demás, pero también potenciar otras aptitudes como la autoestima, la confianza, el marketing, la desenvoltura verbal y personal, etc.

 

Decálogo de aptitudes para identificar al “Instalador de Éxito” pospandemia

 

  1. Un buen marketing es necesario en cualquier actividad

De un modo sencillo, el marketing es un conjunto de procesos orientados a identificar las necesidades del mercado e incrementar la demanda. Hoy en día, el marketing lo abarca todo y se adentra en territorios que tienen tan poco en común como la política, la enseñanza o la cultura. La instalación tampoco es ajena. Es imprescindible conocer bien las necesidades del mercado y hacia dónde se dirige y, más que nunca, es importante hacerlo sobre todo desde los nuevos soportes, incluyendo las redes sociales, los nuevos vehículos de comunicación y pegados a una nueva realidad más digital que nunca.

 

  1. Digitalizarse o morir

Digitalizarse no es una opción, es una obligación. El ritmo al que lo hagamos va a ser decisivo en nuestra competitividad futura. Adaptar los procesos internos para hacerlos más ágiles, eliminar obsolescencias y reducir procedimientos de otras épocas (exceso de papel, tareas repetitivas, información que no se comparte…) es cada día más imprescindible en la medida en que nuestra competencia ya lo está empezando a hacer o, en el peor de los casos, hace ya mucho que lo está haciendo.

 

  1. Saber delegar

Proverbial problema del autónomo. Acostumbrado a resolver todos los problemas por uno mismo, cuesta la vida misma convencerse de que otros también pueden hacerlo y no necesito estar pendiente de cada detalle. En la capacidad para no tener que estar al tanto de las docenas de problemas que surgen cada día, sino de tener a quién pueda encargarse y confiar en él o en ella, reside el secreto para poder estar al tanto de aquellos problemas de los que verdaderamente sólo nosotros podemos ocuparnos.

 

Decálogo de aptitudes para identificar al “Instalador de Éxito” pospandemia

 

  1. Una mentalidad de formación continua

Nunca estamos realmente formados, porque cuando creemos estarlo ya está surgiendo algo que nos demanda nuevo conocimiento otra vez. Lo importante no es saberlo todo -más que nada porque eso es imposible- lo verdaderamente importante es tener la mentalidad lo bastante abierta y adaptable como para estar dispuesto a seguir aprendiendo en todo momento, expectante ante nuevas alternativas, nuevos negocios, nuevas posibilidades que surgen casi de cero y de las que apenas sabemos nada, salvo que estamos a tiempo de conocerlas y llegar a ser especialistas en ellas.

 

  1. Auténtica cultura empresarial

La filosofía que guía la empresa debe estar fijada a fuego como un criterio de actuación ineludible: la calidad, la búsqueda de la excelencia, la ética empresarial, la solvencia financiera, la sostenibilidad… Sean los que sean los criterios que se marquen, deben actuar como un faro para que, si en algún momento surgen tempestades en el camino, tengamos claro el rumbo al que debemos atenernos y no naveguemos sin rumbo y a merced de las olas.

 

  1. Capacidad de resolución

 Vivir 24 horas al día pendiente de la empresa no es necesario ni recomendable, pero poder estarlo en cualquier momento que aquella lo demande sí lo es. Mucho más en estos tiempos en los que lo virtual se ha impuesto a lo presencial y la capacidad de resolución es necesaria independientemente de lo cerca o lejos que nos hallemos del problema en cuestión. Poder controlar la empresa en cualquier momento y desde cualquier lugar no significa vivir el día completo en ella, sino saber cómo actuar y tener la capacidad de decisión y actuación cuando las circunstancias lo exigen.

 

  1. Inquietud y expectativa constante ante el cambio

Y para el final, la versión más romántica del empresario. El profesional del futuro debe ser aquel que nunca llegue a creerse que ya se ha instalado en él. El futuro siempre está más adelante, la apertura a los cambios a la transformación continua no debe ser una idea metida en un cajón, sino una forma de vivir. También porque hay que atender a un escenario continuamente de cambio, un mundo más eléctrico, pero también más sostenible, más renovable, más ecológico. Mantener esa inquietud de cambio viva es lo que nos permitirá seguir mejorando y desechar cualquier pensamiento que nos lleve a pensar que ya hemos alcanzado el techo o hemos llegado a la meta. El viaje es el camino, nunca el destino.

*(Invitamos desde aquí a los lectores que añadan a este decálogo de aptitudes todas las que consideren convenientes a través de los comentarios que quieran realizar)