Conecta con nosotros

Juan Antonio Peón

De administradores y empresarios

Publicado

el

Juan Antonio Peón - Artículo sobre El Vehículo eléctrico

Hace unos días estaba leyendo sobre la crisis de Abengoa, de la que se ha escrito mucho últimamente y todavía queda mucho por aclarar. Una de las últimas informaciones recibidas es que la empresa va a dejar de pagar a los proveedores para hacer frente a las nóminas de diciembre del personal, sabiendo que en pocos días pasará del preconcurso al concurso de acreedores. Para el personal de Abengoa pueden ser buenas noticias cobrar, pero es un gran problema para el personal de las contratas que dejarán de cobrar por sus servicios prestados, no podrán pagar nóminas y acabarán teniendo que acudir a préstamos para seguir manteniendo sus obligaciones con los trabajadores.

Mientras todo esto estaba pasando, el anterior presidente de Abengoa, Felipe Benjumea, se ha asegurado una indemnización de más de 11,4 millones de euros. Quizás como máximo cabeza del grupo durante años, tendría la responsabilidad de la situación en la que se encuentra el grupo empresarial. Si sumamos lo que han cobrado los ex-consejeros delegados, Manuel Sánchez y Santiago Seage, la cifra total puede ascender hasta los 25 millones de euros.

Y todo esto ha ocurrido en una empresa que cotizaba en bolsa, con el teórico seguimiento exhaustivo desde la CNMV y por empresas auditoras de renombrado prestigio. Qué no podríamos esperar de empresas más pequeñas, en las que aún con sus auditadas sus cuentas por grandes auditoras, pueden ocultarse situaciones que afecte a los accionistas.

A raíz de estos escándalos, me viene a la cabeza la primera sentencia que ha habido en España, redactada por el Juzgado Mercantil número 9 de Barcelona, del pasado 27 de noviembre de 2015. En ella se aclara y establece que las retribuciones de los ejecutivos de las empresas, incluso de las no cotizadas, deben ser aprobadas en junta de accionistas, no siendo válidas las retribuciones aprobadas por el consejo ejecutivo sin haber sido aprobadas explícitamente también en junta de accionistas.

La base jurídica sobre la que recae la sentencia es la defensa de los intereses de los accionistas para que no les sea ocultado el coste económico que supone el consejo de administración de la empresa y de los consejeros delegados (o figuras equivalentes), y que pueda acabar dándose una situación como la ocurrida en Abengoa, o algo peor, donde los directivos no se preocupen de la empresa sino que sean meros actores complacientes con el consejo de administración, con unos sueldos y bonus irracionales, que acaben arruinando la empresa y a sus accionistas.

Un ejemplo de directivo más preocupado por lo que ocurre a su alrededor, y dedicado a controlar todo en lugar de añadir valor a la empresa lo tenemos recientemente en Borja Prado, presidente de Endesa, que montó un dispositivo de espionaje a la cúpula directiva de la compañía. Parece que esas costumbres son propias de la cultura empresarial de la organización, pues no es la primera vez que escuchamos cosas similares provenientes de personal de esa casa, más preocupados por controlar lo ajeno que por lo propio.

En mi opinión, todos estos casos se deben a administradores que no son empresarios, aunque en gran multitud de ocasiones se arrojen la capacidad para hablar como tales, pues en el fondo son meros gestores, más que empresarios. Hay que empezar a ser más exigentes con ellos y acotar sus poderes para evitar que acaben preocupándose de cuestiones tangenciales y despreocupándose de trabajar en beneficio de la compañía, como los empresarios cuando fundan sus empresas.

Así ha ocurrido con Abengoa, donde un hijo heredó la empresa de manos de su fundador y como administrador perdió de vista el objetivo de la misma, y al final ha acabado saliendo por la puerta de atrás, pero eso sí, con unos cuantos millones de indemnización asegurados y cobrados.

Tenemos que aprender de los errores ajenos y ser exigentes en la gestión de las empresas a las que pertenecemos como accionistas mayoritarios o minoritarios, e involucrarnos más para que no haya posibilidad de que ocurra algo parecido a lo que estamos viendo recientemente.