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Juan Antonio Peón, Director Técnico de Instaladores 2.0

El dicho que agua pasada no mueve molino es muy cierto y muy bonito. Cuanto más lo pienso más me gusta que nos recordemos a nosotros mismo lo importante que es no perder el tiempo que se nos escapa entre las manos, pensando en lo que pudo ser y no fue y que nos enfoquemos en aprovechar todas las oportunidades que se nos brindan en la vida.

Pero no es menos cierto que ese agua también nos indica el futuro que hemos de seguir y la velocidad con la que se producen los cambios, por lo que debemos pensar en ella para corregir errores del pasado, evitar que sucedan de nuevo y poner soluciones a los mismos.

Europa, concretamente los países del sur, hemos estado en una situación muy cómoda con respecto al consumo energético y las importaciones baratas, obviando en cierta forma la crisis energética de los 70. Han pasado casi 50 años desde aquello y aunque hemos mejorado los estándares de construcción y el confort en las viviendas, nuestro consumo energético ha seguido creciendo a un ritmo mucho mayor. Pero hemos olvidado aprovechar las fuentes renovables a todos los niveles.

En 2021 España importó productos energéticos por valor de 46.575 millones de euros. Una cifra muy importante que roza el 4 % del PIB del 2021 y que extraemos de nuestros bolsillos para que acabe en otros países. Mientras tanto, cada día, la cantidad de energía que el Sol irradia es capaz de alimentar un año de consumo del planeta (el Sol emite por segundo 1,72 x 10^17 W a la Tierra cuando el consumo mundial anual fue 1.3 x 10^13 W).

Tenemos la energía, cada vez más disponemos de tecnologías para aprovecharla, pero nos falta la voluntad para utilizarla. Si el planeta no nos preocupa, por lo menos nuestros bolsillos deberían preocuparnos,  ya que el mercado internacional de la energía parece que se encuentra muy cómodo en su nueva posición de precios elevados y permanecerá así durante bastante tiempo.