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Juan Antonio Peón, Director Técnico de Instaladores 2.0

Que la humanidad vive una época de cambios constantes es una realidad incontestable. Aunque inmersos en lo cotidiano, no reparamos lo bastante en ello, lo cierto es que se producen cambios continuamente y uno de los retos que se han puesto de moda en las redes sociales últimamente -el #10yearschallenge– nos hace ver los cambios físicos en los últimos diez años.

Hay productos o servicios que no existían hace diez años y que nos han cambiado la vida, y uno de los ejemplos más palpables es Whatsapp, que se fundó el 19 de febrero de 2009. Por eso mismo no se pudo mandar ningún mensaje de whatsapp cuando España ganó la Eurocopa de 2008. Otro ejemplo sería Instagram, que se creó en octubre de 2010. Últimamente están muy de actualidad Uber, que se constituyó en marzo de 2009, o Cabify, que se fundó en 2011.

“Hay productos o servicios que no existían hace diez años y que nos han cambiado la vida, y uno de los ejemplos más palpables es Whatsapp”

 

Estos son cambios a los que la sociedad española se ha adaptado con enorme facilidad, incluso luchando contra grandes exmonopolios que querían evitar el desuso de los SMS a nivel particular, un negocio muy lucrativo que ha decaído, y sin embargo los nuevos sistemas de comunicación se han acabado imponiendo.

Algo parecido ocurre con el vehículo eléctrico, con algunas importantes diferencias, una de ellas es que a finales del siglo XIX, Thomas Alva Edison inventó las primeras baterías de níquel-hierro, vulgarmente llamadas pilas alcalinas, para alimentar coches eléctricos.

coche eléctrico Edison 1913

Mucha gente pone como excusa en el cambio al vehículo eléctrico los tiempos de las recargas, lo difícil que es comparado con el vehículo de combustión, pero muy pocos saben la historia tras el surtidor de combustible. El primero de los surtidores se creó en 1890 y era manual, sólo podía servir 5 litros, con lo que no había grandes recorridos ni autonomía precisamente, y aunque el uso del vehículo no estaba generalizado, había muy pocos, lo que implicaba que se formaban colas para el suministro. No fue hasta 35 años después cuando se creó el primer modelo de surtidor eléctrico, que aún así llevaba una bomba para ser alimentado manualmente, y que necesitaba accionar una palanca para el cambio de vaso, limitado a 5 litros también. La autonomía era mínima. Hasta 1955 no se estandariza su uso y se produce un crecimiento lo bastante importante, acompañado de la demanda de los ciudadanos, los mismos que tenían que esperar unos 18 meses para conseguir un ‘Seat’ de la época.

Comparando con la situación actual del vehículo eléctrico, se han realizado ímprobos esfuerzos para que los tiempos de recarga y la autonomía se parezcan cada vez más a lo que estamos acostumbrados con los combustibles fósiles, vivimos en una sociedad de cambios muy rápidos pero de costumbres muy lentas. No hay ninguna duda de que el sector está haciendo todo lo posible para responder a la necesidad de la sociedad, con nuevos supercargadores o cargadores ultrarrápidos que se instalan y desarrollan cada día, fuentes de energía renovables que ayudan… Falta ver si las leyes y los políticos acompañan al sector y a la sociedad en esta revolución que ya es una realidad.