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Juan Antonio Peón, Director Técnico de Instaladores 2.0

A la chita callando es una expresión que se usa para referirse a algo que se hace algo sin hacer mucho ruido ni querer llamar la atención sobre ello. Esto es lo que está pasando con el tristemente famoso “impuesto al sol” que está en vigor desde el año 2015, cuando se promulgó el Real Decreto 900/2015 que aprobaba esta tasa para las instalaciones de autoconsumo que estén conectadas a la red eléctrica general.

Desde entonces y aunque las cantidades a cobrar por cada kilowatio autoproducido han estado contempladas en las diferentes órdenes de peajes, no se esperaba su aplicación mientras no se publicaran las dos normas que deben aclarar cómo medir el autoconsumo (modificando el Reglamento de Puntos de Medida) – Real Decreto 1110/2007 – y el procedimiento que debe determinar cómo se procesan los datos de los autoconsumidores de cara a la facturación del “impuesto al sol”. Como aún no han sido publicadas, lo razonable sería no aplicar el impuesto sin ellas, es más, en las liquidaciones de la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia no se reflejan expresamente. Sin emgargo y gracias al magnífico artículo de Tomás Díaz en El Economista podemos acabar sabiendo que en 2017 se han cobrado por el impuesto al sol un total de 169.527,8 €.

En 2017 se han cobrado por el impuesto al sol un total de 169.527,8 €

 

Una cifra que es una gota en el total ingresado por el sistema por los peajes de acceso,  9.603,7 millones de euros, pero que ha provocado un daño irreparable al sector de las energías renovables y nos ha colocado en la cola del mundo en lo que se refiere a ellas.

Siento envidia cuando viajo por Europa y puedo ver que en Alemania, Holanda u otros países existen multitud de viviendas con los tejados cargados de placas solares fotovoltaicas, en zonas donde la irradiación solar es muy baja en comparación con la que tenemos en España. Y todo ello porque desde el ámbito político y la propia sociedad se ha convertido en una necesidad de primer orden desconectarse de las energías contaminantes e ir produciendo un cambio a un modelo energético más limpio y que no dependa de factores geopolíticos en zonas muy inestables.

Un país serio, un país que habla de Marca de país no puede hacer las cosas a la chita callando en ningún aspecto, pero menos aún en algo tan importante como el futuro que dejamos en nuestro planeta a las futuras generaciones. La energía nuclear será muy barata gracias a la gran cantidad de subvenciones que recibe, pero los residuos nucleares hasta que se descubran nuevas tecnologías que los puedan procesar tienen una duración de más de 10.000 años antes de que se hagan inofensivos para la vida, y eso tendrá un coste enorme que acabarán pagando muchas generaciones.