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Luis García Muñoz

Vamos a ser claros, aunque corramos el riesgo de resultar alarmistas: estamos a las puertas de una transformación de tal calibre en las sociedades que habitamos que en cuestión de unos pocos años, una ó dos décadas como mucho, el mundo no será el mismo. Ese cambio de época viene definido por conceptos complejos pero muy concretos: digitalización, inteligencia artificial, conectividad o transición energética. Como bien decía ayer mismo Jeremy Rifkin en su artículo de El País (votaría a favor de que todos los ministros que me gobiernan lo escribieran entero cien veces) cualquier bienintencionada reforma a favor de la innovación y el crecimiento ya no sirve si va enmarcada en el modelo industrial vigente hasta hoy. Esa infraestructura nos ha servido más de un siglo en el que la Sociedad ha pasado de la revolución industrial a la era postindustrial, pero ya no vale mejorarla porque su eficiencia ha llegado a un límite y la productividad y el empleo apenas crecen.

Energías antiguas y tecnologías para hacerlas funcionar también obsoletas, dice Rifkin. Pero fundamentalmente porque ya existen otras posibilidades y ponerlas en práctica no es una opción, sino una necesidad. La tercera revolución industrial se basa en sistemas de producción inteligentes, conectados y comunicados entre sí, en los que los datos que continuamente recibimos y tenemos el reto de interpretar -hay que tener en cuenta que su volumen se duplica cada año- nos ayudan a multiplicar la eficiencia y a llevarla también no sólo al ámbito de la Industria, sino también a los edificios y a la movilidad y la generación de energía, que será renovable y enteramente verde.

“Ese cambio de época viene definido por conceptos complejos pero muy concretos: digitalización, inteligencia artificial, conectividad o transición energética”

 

Pero necesitamos más que un impulso para llevar a cabo esa transformación. En la Mesa de Debate que Instaladores 2.0 y ABM Rexel organizaron hace quince días en Barcelona, todos los directivos congregados coincidían en la certeza y la inmediatez de ese cambio y también en la inmejorable oportunidad que supone. Pero también estaban presentes el reto mayúsculo que supone y la necesidad de afrontarlo con la rapidez suficiente para que no se nos adelanten otros.

Volviendo a Rifkin, su artículo traslada esa inquietud a la realidad de la Sociedad española al completo, “por detrás de otros 13 países europeos en el índice de economía y sociedad digital de la Comisión Europea”, “y eso a pesar de que debe ser una prioridad absoluta”, añade, antes de citar que la propia Comisión “ha reunido un paquete de medidas de desarrollo económico de 630.000 millones de euros que estará dedicado, en parte, a la construcción y ampliación de las nuevas infraestructuras para la tercera revolución industrial”.

Cada día que pasa es un día de retraso en esa carrera hacia un nuevo modelo de sociedad, con un modelo energético verdaderamente sostenible y nuevos modelos de negocio y empleo basados en él. Mirar para otro lado es lo más parecido a no encarar ese cambio de época y pensar que se trata sólo de una época de cambio sin más, un paso más en la evolución de la tecnología, la lectura más pequeña para los sucesos más grandes. Y pensar que es tarea de otros, del Gobierno, de las multinacionales, de los emprendedores…, es también mirar para otro lado. Cada pyme instaladora, cada pequeña empresa desempeña un papel en esa transformación y tiene un lugar en ese futuro que aguarda. Lo decimos quienes nacimos como Instaladores 2.0 sabiendo al nacer que la marca se quedaba pequeña, pero conscientes de que eso es lo que tiene vivir en el futuro.