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Luis García. Director Editorial de Instaladores 2.0

El que se va a desarrollar estos días en Santander será el decimonoveno congreso de Fenie y el décimo consecutivo desde que la Federación decidió llevarlo fuera de Madrid y desligarlo de la celebración de Matelec. Fue la mejor decisión, sin duda, porque permitió dotar al evento de una identidad propia, hacerlo más atractivo para los congresistas y que adquiriese un relieve de mayor trascendencia para el sector en general.

Quien firma esta página ha asistido ya a doce ediciones en veinte años y puede dar fe de ese acierto porque estuvo presente en las dos últimas celebradas en Ifema y es testigo de que, por entonces, apenas se congregaban unas cuantas docenas de empresarios en el Auditorio Sur. En esos veinte años he tenido tiempo para comprobar que el Congreso es un cúmulo de historias, salpicado de intrahistorias –como diría Unamuno- que casi siempre son las más sabrosas. He visto salir casi a la carrera y con el susto en el gesto a un representante de la Administración que se metió en un charco enorme, también he asistido a homenajes aceptados a regañadientes, o he sabido de homenajeados que llevaban la carta de dimisión en el bolsillo. He visto como 500 personas se tenían que levantar en plena cena e ir a refugiarse a la carrera de un diluvio caído entre el primero y el segundo plato. He padecido emergencias de último minuto cuya solución parecía imposible y hasta hoy me lo parece.

En todo caso, el Congreso es el momento más importante para la Federación, su puesta de largo ante el sector cada dos años y la ocasión para demostrar su cohesión y su relevancia como colectivo. La segunda es incuestionable, pero no está de más hacerla ver cuando se tiene la oportunidad, y la primera no tiene por qué suponer que sólo pueda existir una única opinión y un único criterio. Es lógico que un colectivo tan amplio disienta y tenga diferentes posturas, también que éstas se manifiesten y que exista un debate abierto y plural. Lo importante es que haya una unidad de intereses y una línea de actuación común justo en aquellos asuntos en los que se necesita para defender los intereses y la representación del colectivo. Y eso es justo lo más difícil de conseguir y es cada congreso el momento de mayor transparencia para averiguarlo.