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Luis Marquina, presidente de Aepibal

Con más de 15 años de experiencia en el mundo de las energías renovables, Luis Marquina ha sido consultor estratégico de grandes empresas españolas del sector en el exterior, especialmente en los mercados de Reino Unido, Italia y Latinoamérica. Desde 2015 forma parte del staff directivo de Grupo Gransolar, donde ejerce como director de Relaciones Institucionales. El pasado octubre fue nombrado presidente de Aepibal, asociación de baterías y almacenamiento referente en España.

 

El almacenamiento de energía se revela como un factor clave en un contexto de futuro dominado por la Transición Verde y el Green New Deal, también de cara a situarse como palanca de futuro hacia los Fondos de Recuperación del Next Generation EU, ¿qué clase de proyectos cree que tienen más visos de ganar esa carrera y por qué ámbitos concretos de cada mercado, energías renovables, movilidad, eficiencia… apuesta Aepibal, Asociación Empresarial de Pilas, Baterías y Almacenamiento Energético?

El borrador del Plan Estratégico de Almacenamiento presentado por el MITECO ofrece una foto muy completa de cómo será el modelo energético que nos espera desde el punto de vista del almacenamiento. Es una muy buena guía que nos muestra cuatro grandes ejes motores: el almacenamiento a gran escala, la gestión de la demanda o almacenamiento agregado e híbrido, la nueva movilidad y la economía circular. Desde AEPIBAL no nos planteamos el futuro como la carrera entre estos cuatro vectores, sino como la del almacenamiento en su conjunto por alcanzar su cuota de protagonismo. Alguno llegará primero e intuyo que el modelo utility scale ejercerá un liderazgo lógico, abordando grandes proyectos que den sostenibilidad a toda la inyección renovable que fija el PNIEC, pero seamos claros en esto: los cuatro formatos de negocio están destinados a triunfar. El almacenamiento a gran escala porque el sistema eléctrico lo necesita; el agregado porque el ciudadano lo hará suyo; la movilidad porque no hay marcha atrás en la electrificación de nuestros hábitos de vida, y la economía circular porque la tecnología nos permite –ahora sí- cerrar el círculo y trabajar con residuos cero.

 

Luis Marquina, presidente de Aepibal
Luis Marquina, presidente de Aepibal

El borrador del Plan Estratégico de Almacenamiento presentado por el MITECO ofrece una foto muy completa de cómo será el modelo energético que nos espera”

 

¿En qué ámbitos de mercado debe hacer más incidencia la industria del almacenamiento de energía para consolidar su potencial de cara al futuro?

Es interesante esta pregunta, aunque no hay una respuesta unívoca: cada modelo de negocio tiene tras de sí una realidad industrial propia y diferente, aunque en muchos momentos los intereses de esas diferentes industrias se complementan e incluso solapan. Lo que es realmente importante es que el mercado incida en aquellos modelos que nos permitan hacer industria en nuestra propia casa. Desde AEPIBAL la idea de crear industria propia es un mantra que repetimos continuamente. Hay mucho I+D+i por desarrollar, mucha industria de bienes de equipo por desarrollar, mucho hardware, mucho software de gestión, mucha innovación en la economía circular con el aprovechamiento de materiales reciclados de baterías usadas para crear un producto nuevo, etc. No dejemos que esta oportunidad se nos escape.

 

El borrador es un buen primer paso, pero hay que cerrarlo adecuadamente, apostando, por ejemplo, por la incentivación real de instalaciones solares con baterías y contadores bidireccionales”

 

¿Cuáles considera que son los principales retos del ámbito del almacenamiento en su vertiente de soporte a la red (regulación, redes eléctricas inteligentes)?, ¿cómo ese cambio de modelo debe implementarse a escala no sólo profesional, sino también de la sociedad en general?

El RD 23/2020 define el almacenamiento como un negocio independiente de los sistemas de generación. A partir de ahí, el órdago ya está en la mesa y hay que hacerle frente. Quiero decir que el gran reto, el principal y del que cuelgan todos los demás retos colectivos e individuales, es la regulación. El trabajo que tiene el regulador por delante es titánico por su envergadura y por su complejidad, pero a la vez es irreversible, sin marcha atrás, lo que hace que estemos ahora ante momentos tan estimulantes.

¿Y la regulación qué es lo que debe hacer? Debe regular tres grandes aspectos: el primero es, ¿para qué queremos que sirva el almacenamiento, qué servicios debe prestar, a quién, cómo y cuándo se los debe prestar?, el segundo y tan relevante como el anterior es, ¿quién está capacitado para prestar esos servicios, las grandes unidades de almacenamiento, los ciudadanos que tengan unidades de generación solar, por ejemplo, con baterías en sus casas, las baterías de los vehículos eléctricos cuando están parados?, y lo tercero que hay que regular es que todo lo anterior, este maridaje entre el qué y el quién, además de ser técnicamente posible, tiene que tener un sentido económico si queremos movilizar inversiones, que no serán menores y que esperarán obtener una rentabilidad más o menos previsible y razonable. Insisto, un reto formidable al que todos tenemos que contribuir.

 

Las baterías y el almacenamiento desempeñan un papel primordial en el futuro del autoconsumo y en su desarrollo, ¿en qué aspectos primordiales debe incidir la regulación pendiente que diseñe y dé cabida a todos los nuevos modelos que surgen en este ámbito?, ¿en qué medida el empleo de baterías condiciona el futuro del sistema eléctrico?

Dentro de los modelos de negocio que permitirá el almacenamiento, el destinado al autoconsumo desempeñará un papel muy relevante porque convertirá al ciudadano en un actor activo de generación de energía y no solo de su consumo. Este rol nuevo conocido como “prosumidor” (productor y consumidor de energía al mismo tiempo) abre un abanico de posibilidades enormes al sistema eléctrico, que podrá hacer uso de esta microgeneración distribuida para gestionar eficientemente microrredes. Lo importante no es que este modelo conceptualmente se invente porque ya está inventado. Tampoco es que tecnológicamente se tenga que inventar nada nuevo, aunque habrá una continua mejora de las baterías y sobre todo de los sistemas de gestión que permitan a un operador, que será un tercer actor intermediario, el agregador o gestor de la demanda, trabajar miles de baterías distribuidas como una sola. Lo importante es que suceda ya, y para eso hay que cerrar el círculo regulatorio. El borrador es un buen primer paso, pero hay que cerrarlo adecuadamente, apostando, por ejemplo, por la incentivación real de instalaciones solares con baterías y contadores bidireccionales que permitan al operador gestionar los consumos y vertidos de las baterías de sus clientes. Si la figura de este operador – nunca el ciudadano gestionará directamente su energía, aunque tendrá cierta capacidad de decisión – la va a ejercer un nuevo perfil de actor – los agregadores de demanda – o si los servicios a prestar lo serán por las comercializadoras, es un tema por resolver aún, y no es un tema sencillo.

 

Luis Marquina, presidente de Aepibal

El instalador tiene al cliente y tiene la llave del crecimiento, así de sencillo”

 

En el ámbito de la movilidad eléctrica, Europa trabaja para implantar una industria en torno a las baterías que acabe con la hegemonía asiática, ¿cómo debemos actuar para no quedarnos fuera de esa iniciativa y ofrecer una alternativa a la industria del automóvil?, ¿considera que tenemos las características para desarrollar una industria importante?

España no es una potencia automovilística mundial, y me explico: aunque tengamos 17 centros de producción, ni uno sólo de ellos tiene su centro de decisión en nuestro país. Estamos pues abocados a depender siempre de las decisiones de otros, como lamentablemente estamos padeciendo con el caso Nissan. Sin embargo, no estamos tan expuestos tampoco. Toda nuestra potencia industrial ha creado un ecosistema de capacidades que hace que esas empresas hayan decidido fabricar aquí y no en otro lugar. España pues tiene ante sí un gran reto que no es otro que replicar el ecosistema de éxito del motor de combustión al vehículo eléctrico. Y eso se hace anticipándose a los pasos que esta nueva industria va a recorrer, ofreciendo una cadena de valor integrada que haga que los fabricantes de coches tradicionales, en su conversión al VE, no se planteen mejor alternativa que nuestro país para mantener sus centros de producción. Y ese ecosistema tiene tres ejes: el primero, cubrir la mayor parte de la cadena de valor del VE, desde la extracción minera de litio, por ejemplo, a las baterías de segunda vida; el segundo, potenciar las líneas de I+D+i que nos permitan tener un centro de experimentación y desarrollo de nuevos prototipos y bienes de equipo; y tercero, consolidar programas de formación profesional en toda cadena de valor industrial y lograr una mano de obra eficiente y competitiva.

 

AEPIBAL quiere trabajar codo con codo con todas las asociaciones de instaladores para hacer programas conjuntos de formación que permitan al instalador estar muy bien formado, técnica y comercialmente”

 

El profesional de la instalación eléctrica está involucrado en estos nuevos ámbitos de negocio y cuenta con la ventaja de su cercanía y la confianza del cliente final, ¿cuál cree que es su papel y en qué aspectos cree que debe profundizar en su formación para adaptarse a esos nuevos roles que le reserva ese futuro de la citada Transición Verde?

Me alegra que se haga mención a este apartado porque es de vital importancia. Además del papel que tendrá que tener la formación dentro del almacenamiento desde el punto de vista industrial, es decir, gente preparada que trabaje en la nueva industria del almacenamiento, de cara al almacenamiento agregado y distribuido, especialmente en la instalación de generación con baterías para autoconsumo en pymes, y también en residencial, pero sobre todo para pymes, el rol del instalador es clave: por un lado, deberá saber manejar la tecnología que instala y esto, dado el altísimo nivel de nuestros instaladores, no es un problema. Basta articular programas de formación concretos como los que nuestra asociación pone en marcha periódicamente. Pero donde vemos que hay un rol esencial es en la explicación y venta de este nuevo ecosistema de oportunidades a sus clientes. ¿Quién mejor que el instalador para explicar a sus clientes los beneficios de la demanda gestionada, por qué interesa a sus clientes, qué rentabilidad puede esperar de su inversión en autoconsumo? El instalador tiene al cliente y tiene la llave del crecimiento, así de sencillo. Nadie mejor que el instalador para explica, educar, fomentar y finalmente instalar soluciones nuevas para un mundo nuevo que al cliente final le genera muchas dudas, y solo cuando las entiende, da el paso adelante. En esta faceta del instalador, AEPIBAL quiere trabajar codo con codo con todas las asociaciones de instaladores para hacer programas conjuntos de formación que le permitan estar muy bien formado, técnica y comercialmente, y ofrecer así las mejores soluciones a sus clientes. ν