El programa Moves Singulares II incentivará proyectos de desarrollo tecnológico con una inversión mínima de 100.000 euros para fomentar la madurez y facilitar la comercialización del vehículo eléctrico. Su convocatoria acaba de iniciarse y estará abierta hasta el 25 de noviembre de 2021. Las solicitudes para optar a este programa deberán tramitarse a través de la sede electrónica del IDAE y en su tipología se contemplan las actuaciones descritas en la Orden TED/800/202.

 

Podrán beneficiarse de este programa todo tipo de empresas con independencia de su tamaño, así como universidades, centros de investigación y desarrollo o entidades del sector público institucional. Las ayudas se reparten en régimen de concurrencia competitiva y contribuirán a alcanzar los hitos fijados en el Plan de Recuperación, Transición y Resiliencia, en concreto con la Inversión 2 de la Componente 1 del citado Plan, que contempla un “Plan de incentivos a la instalación de puntos de recarga públicos y privados, a la adquisición de vehículos eléctricos y de pila de combustible y líneas de impulso a proyectos singulares y de innovación en electro movilidad, recarga e hidrógeno verde para favorecer la movilidad eléctrica”.

Para el diseño de este programa, complementario al Plan Moves III, se ha tomado como base el resultado de la primera edición del Moves Singulares y la información recabada en la expresión de interés sobre movilidad eléctrica convocada en diciembre de 2020. En esa primera edición fueron 25 los proyectos beneficiados del total de 130 que solicitaron las ayudas y, entre ellos se hallaban servicios de rentacar y carsharing sostenibles; prueba y venta de vehículos alternativos; la instalación de puntos de recarga rápida (con electricidad solar), así como soluciones energéticas y de movilidad para el cliente particular.

 

Reducir el impacto del transporte

El sector del transporte consume el 42% de la energía final de España. Más de la mitad de este consumo se concentra en entornos urbanos y metropolitanos. Además, en su mayoría depende de hidrocarburos, lo que supone una gran dependencia energética del exterior y de los precios de los mercados internacionales. Esto se suma al deterioro de la calidad del aire ligado a las emisiones asociadas a la combustión de los carburantes y a su efecto en la salud y en el calentamiento global.