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Un estudio de la Universidad de Stanford alerta sobre la “fatiga” provocada por los encuentros virtuales

Después de que la pandemia del COVID-19 haya obligado a un drástico incremento del número de reuniones profesionales por vídeoconferencia y que sistemas como Zoom o Microsoft Teams hayan proliferado masivamente y se hayan generalizado entre la población, un estudio de la Universidad de Stanford, en California, acaba de alertar sobre la fatiga que provocan, y ha acuñado la expresión “zoom fatigue” para definirlo, en la medida en que considera que esta plataforma “se ha convertido en la predeterminada para muchos en el mundo académico y también en otros y ha pasado de 10 millones de usuarios en diciembre de 2019 a más de 300 millones sólo 5 meses después”. 

 

El citado estudio pone el énfasis en la sobrecarga no verbal como la posible causa y se centra en cuatro argumentos que incluso podrían llevar a consecuencias psicológicas derivadas del uso, según la tesis que expone. En todo caso, se advierte que estos argumentos “se basan en la teoría y la investigación académicas, pero aún no se han probado directamente en el contexto de Zoom y requieren futuras experimentaciones para confirmarlo”.

Por todo ello se centra en “señalar defectos de diseño sobre los que los científicos sociales podrían investigar y sugerir mejoras en ese mismo diseño”. También se refiere a ventajas, como que “si la práctica de convocar reuniones virtuales por videoconferencia perdura tras la pandemia, el consumo de combustibles fósiles debería disminuir debido a una reducción en los desplazamientos físicos, de acuerdo a estudios que demuestra que en cada una de ellas se usa menos del 10 % de la energía requerida para una reunión en persona”.

 

Cuatro posibles explicaciones para la fatiga

El estudio refiere cuatro posibles explicaciones para la fatiga de la que se ocupa: el mayor hábito de las miradas muy cercanas, la carga cognitiva, el cansancio ante lo que llama “todo el día frente al espejo” y las limitaciones en la movilidad física.

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Las videoconferencias se han convertido en la forma principal de comunicación durante la pandemia

Más miradas más cercanas

Sobre el mayor impacto de las miradas a distancia cercana, emplea el ejemplo de la incomodidad que provocan los encuentros en ascensores, que motiva que las personas aparten la mirada de los rostros de los compañeros de viaje, o la situación en un vagón de metro repleto en el que todos los rostros tuvieran los ojos orientados continuamente hacia los de todos los demás viajeros. El estudio concluye que las personas ofrecen una mayor distancia interpersonal al acercarse a humanos virtuales que mantienen la mirada virtual en comparación con aquellos que no lo hacen. En las videoconferencias todos los participantes tienen una vista frontal de todas ellos y son habituales los largos períodos de mirada directa, con compañeros de trabajo, pero también con extraños o sólo conocidos.

 

Carga cognitiva

En la interacción cara a cara, la comunicación no verbal fluye de forma natural sin que prestemos atención a ella ni nos cause un esfuerzo adicional, pero en las reuniones virtuales por videoconferencia el comportamiento no verbal sigue siendo igual de complejo, pero los usuarios deben esforzarse más para enviar y recibir señales. Y como ejemplos pone la necesidad a veces de asentir de manera exagerada para indicar que se está de acuerdo o mirar directamente a la cámara y no a los rostros en la pantalla para intentar hacer contacto visual directo al hablar. Incluso se refiere a un mayor esfuerzo en la forma de vocalizar o a que el volumen de voz aumenta un 15 % de promedio. También provoca mayor fatiga la recepción de señales porque desconocemos el verdadero destino de muchas de las miradas de aquellos con los que interrelacionamos.

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A pesar de las ventajas de los encuentros virtuales, la necesidad de saludarse y negociar en persona no se solventa con los métodos virtuales

Un espejo todo el día

El estudio alerta sobre el cansancio que puede provocar “estar mirándonos a nosotros mismos durante horas de reuniones cada día”. De hecho, “el efecto de verse a sí mismo en un espejo se ha estudiado durante décadas” y una de las conclusiones es que “la autoevaluación continua puede ser estresante”. Incluso refieres estudios previos en los que se argumenta “que la tendencia a concentrarse en si mismo puede llegar a inducir a experimentar depresión”.

 

Movilidad reducida

Durante las reuniones cara a cara, la gente se mueve, camina, se pone de pie, se estira, puede acceder a una movilidad que muchos estudios consideran que permiten mejorar el rendimiento en las reuniones, fomenta la creatividad además. En el caso de las reuniones virtuales por vídeoconferencia, los participantes están obligados a sentarse a la vista de la cámara, lo que altera claramente su capacidad de movimiento. A muchas personas les agrada realizar actividades físicas menores mientras hablan, y eso no interfiere con hablar y escuchar, pero en el caso de las reuniones virtuales es imposible.

 

Conclusión

El estudio resalta en su conclusión todos los beneficios que ha provocado el uso de una herramienta como Zoom, en la vertiente personal y en la profesional y valora su éxito “para imitar a la perfección conversaciones cara a cara” . Sólo previene contra ciertos problemas de diseño “que probablemente estén causando consecuencias psicológicas y fatiga”. Quizá el problema sea sólo que estamos asistiendo a más reuniones de las que haríamos cara a cara