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Eficiencia Energética

Las baterías de Tesla “pinchan el globo”

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Las baterías de Tesla quieren revolucionar el sector de la energía

Después de la enorme expectación generada por la presentación de las nuevas baterías de Tesla, anunciadas durante semanas, un análisis exhaustivo de los datos confirma que la realidad de los productos que ofrece la multinacional americana no tiene mucho que ver con el impacto provocado en la opinión pública.

Las razones tienen que ver con la característica principal de los dos modelos anunciados, cuyo nombre comercial es Powerball y que tieen un número de ciclos de carga muy limitado. El primero de ellos, el de 7kWh, más atractivo para la mayoría de los consumidores porque resulta ideal para almacenar electricidad producida con paneles solares domésticos y que esta pueda ser reutilizada durante el horarior nocturno, no será comercializado por la compañía SolarCity, controlada por el propietario de Tesla , y especializada en la instalación de sistemas de autogeneración en domicilios a partir de paneles. Quienes quieran adquirirla tendrán que sobreponerse al obstáculo que supone el precio de la electricidad. En comparación con la alternativa actual, que consiste en vender la electricidad directamente a la red y cobrar por ello, la posibilidad de almacenar la electricidad generada para usarla después es mucho más cara cuando se incorpora el coste de la batería.

En cuanto al modelo de 10kWh, sólo puede cargarse un máximo de 50 veces al año y se suministra en régimen de alquiler a 5.000 dólares, de manera que resulta poco adecuado un uso en este sentido, por lo que los expertos creen que su público objetivo es distinto: negocios que deseen utilizar la batería como unidad de emergencia en caso de apagón. La propia tecnología limita sus posibilidades de uso, puesto que el máximo de potencia que son capaces de devolver es de 2 kW, menos de lo que habitual para electrodomésticos elementales como planchas de ropa en régimen máximo.

La propia Tesla admite que el precio de transformar un hogar en un almacén de energía es más caro que convertirla en una central que la genera y la vende, pero espera que los consumidores ávidos de probar nuevas tecnologías.