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Retos y oportunidades para una transición energética más rápida

A raíz de la celebración el pasado 5 de junio del Día Mundial del Medioambiente, expertos del Instituto Tecnológico de la Energía, centro tecnológico valenciano, han vuelto a incidir en que la gestión de la energía es una herramienta vital en la evolución hacia una economía más sostenible y competitiva. Y a propósito de ello, que no es posible hablar de una estrategia en pro de la sostenibilidad y la protección del medioambiente sin incluir al sector energético, porque dos tercios de las emisiones de gases de efecto invernadero tienen un origen energético y se hace necesaria una transición energética adecuada.

Inmersos de pleno en un proceso de transición energética que demanda una mayor implicación de ciudadanos, instituciones y empresas locales, los proyectos energéticos que se realicen a nivel municipal mediante la puesta en marcha de comunidades energéticas locales emergen con fuerza dentro de la estrategia para hacer frente al cambio climático. Estas reivindicaciones son incluso más importantes, si cabe, en este 2020 y en el momento en el que vivimos una crisis global de graves consecuencias, a raíz de la emergencia sanitaria provocada por el COVID-19.

Retos y oportunidades para una transición energética más rápida
Paneles fotovoltaicos en el tejado de una gran ciudad

Las comunidades energéticas locales como impulsoras de la transición energética

Las instalaciones del Instituto Tecnológico de la Energía (ITE) albergan una planta piloto de gestión digitalizada de la energía, autoconsumo, movilidad eléctrica y almacenamiento -conocida como Proyecto Gamma- completamente operativa desde 2019. Desarrollada con el soporte de la Generalitat Valenciana a través del IVACE, la iniciativa es capaz de integrar cualquier variable energética en un entorno real y desarrollar el gemelo digital energético que replica virtualmente los elementos más significativos que forman parte de la instalación, permitiendo predecir el efecto que pudiera derivarse de cambios en la política energética de la empresa o en la estructura de aprovisionamiento energético. Una auténtica comunidad energética verde al servicio de las empresas e instituciones que quieran comenzar a explorar todos los beneficios de esta figura.

Las comunidades energéticas locales no son una figura reconocida en la legislación europea, pero hay estrategias que ya la incluyen a nivel autonómico, como es el caso de la Comunidad Valenciana. El objetivo es flexibilizar y favorecer este tipo de instalaciones con el objetivo de dar un salto de calidad en la expansión y el aprovechamiento de las energías renovables, que se considera un área de oportunidad, junto a la eficiencia energética. Este tipo de comunidades son entidades de participación voluntaria formada por miembros como asociaciones, cooperativas, organizaciones sin ánimo de lucro, empresas y también administraciones locales cuyo objetivo es ofrecer beneficios energéticos de los que se deriven también los medioambientales, económicos o sociales para sus miembros o para la localidad en la que desarrolla su actividad. La generación de energía procedente de fuentes renovables, la distribución, el suministro, el consumo, la agregación, el almacenamiento de energía, la prestación de servicios de eficiencia energética o la prestación de puntos de recarga para vehículos eléctricos son alguna de sus principales actividades.

Retos y oportunidades para una transición energética más rápida
Retos y oportunidades para una transición energética más rápida

Digitalización energética, marco legal coherente y consumidores activos

Entre los retos a lo que se enfrentan, la digitalización energética sería el más inmediato. Hoy en día es posible captar toda clase de datos, incluidos los energéticos, pero la clave es poder analizarlos y darles valor en tiempo real mediante sistemas inteligentes capaces de gestionar y simular tanto la generación, el almacenamiento y el consumo de la diferentes variables energéticas existentes. Además es necesario un marco legal coherente, homogeneizado y sin contradicciones ni vacíos. En un plano social, la transformación de consumidores energéticos pasivos -así somos actualmente- en sujetos activos dentro de la cadena de abastecimiento es vital, por eso estos proyectos deben contar con la voluntad de participación de todos sus miembros.

En un plano económico, es necesario desarrollar y promover los modelos colaborativos entre la administración pública, la empresa privada y la comunidad municipal. El hecho de sumar los beneficios económicos a los de tipo social y ambiental -como la creación de puestos de trabajo a nivel local, la disminución de la pobreza energética o mejora de calidad de aire – permitiría visibilizar los primeros éxitos de forma relativamente rápida y animar así a que se formen nuevas iniciativas.

Si en los próximos años, estas comunidades energéticas se desarrollan con fluidez, se contribuirá a que sus miembros apuesten por tener un rol activo dentro de la transición energética, hacia un modelo de municipio que minimice el impacto negativo al medio ambiente, en el que se abran nuevas oportunidades de negocio y sus habitantes mejoren sus niveles de calidad de vida.