SHARE
Jornada organizada por las asociaciones de estaciones de servicio

Las patronales de las estaciones de servicio organizaron la semana pasada una jornada en Madrid para analizar el presente y futuro de este tipo de instalaciones en base a las diferentes tipologías de vehículos y sus necesidades de repostaje, incluyendo los combustibles alternativos y la electricidad. En ella intervino Aedive, clúster del vehículo eléctrico, a través de su director gerente, Arturo Pérez de Lucia, que fue diáfano a la hora de referirse a la relación entre ambos: “las estaciones de servicio tienen la oportunidad de fidelizar a los usuarios de vehículo eléctrico, pero si Mahoma no va a la montaña, el mercado buscará otras montañas”, afirmó y añadió que “si no invierten en puntos de recarga, la carga rápida y ultrarrápida de los vehículos eléctricos se desarrollará en otros emplazamientos, como ya está sucediendo, y la estación de servicio perderá su condición natural de lugar al que acudir en un viaje por carretera”.

Según Pérez de Lucia, la diferencia fundamental estriba en que “la infraestructura de recarga no necesita por ley de emplazamientos regulados con tanques subterráneos de almacenamiento de combustible, controles de escape de gases, etc… Tan solo un punto de conexión eléctrica, y gracias a la eliminación de la figura del gestor de recarga, cualquiera puede facturar la electricidad para este uso”, aunque subrayó que “cada vez son más las estaciones de servicio que han visto en la movilidad eléctrica una buena oportunidad de negocio, ya que estas instalaciones suelen obtener en torno a un 1% de beneficio en la venta de combustible y en torno a un 35% en la tienda y servicios complementarios”. Precisamente la recarga eléctrica favorece esta circunstancia, porque necesita de un tiempo de espera superior a la recarga de combustible, de modo que “somos los clientes ideales para consumir un café, tomar un refrigerio, comprar prensa o visitar la tienda”.

Sin embargo, para conseguir ese entendimiento necesario es imprescindible un modelo de negocio rentable y un precio justo tanto para el que carga como para el que gestiona y opera esa recarga. El usuario del vehículo eléctrico persigue los ahorros más importantes en la recarga diaria, no en la que tiene que ver con desplazamientos largos y más ocasionales, ahí prefiere eficacia. Aun así, es previsible que eso cambie porque los vehículos eléctricos están incrementando las capacidades de sus baterías, que serán mayores incluso en los próximos años.

En España, según datos de 2017, hay 11.500 estaciones de servicio para un parque de combustión que el año pasado cerró casi con 30 millones de vehículos. Si establecemos una media de seis surtidores por estación, la suma es de 70.000 mangueras para dar servicio a todo ese parque rodante. El Gobierno español ha vaticinado una media de entre cuatro y cinco millones de vehículos eléctricos para 2030 o lo que es lo mismo, el 15% del parque total, frente al 1% actual. En todo caso, una parte importante corresponderá a vehículos híbridos enchufables que, con un motor eléctrico principalmente en entornos urbanos, y otro térmico para viajes, carece de conectores de carga rápida y, por tanto, no son susceptibles de utilizar estas infraestructuras.

De este modo, podemos deducir que a razón de dos puntos de carga rápida/ultrarrápida (equiparables a un surtidor de combustible) por cada una de esas 11.500 estaciones de servicio en 2030, permitirían un mallado más que razonable de infraestructura de recarga para derribar definitivamente la barrera de la ansiedad de autonomía, unos 23.000 puntos de carga estratégicamente ubicados en carreteras y autovías para un parque 100% eléctrico de entre 2 y 3 millones de vehículos, eliminados de la ecuación los híbridos enchufables.