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Posibles implicaciones en el sector renovable por la fusión entre CaixaBank y Bankia

La noticia financiera de la semana acerca de la fusión que se estaría ultimando entre Caixabank y Bankia podría suponer implicaciones para los inversores en renovables, en función de la financiación necesaria para llevar a cabo los proyectos de energías limpias.

 

Un proyecto de fusión bancaria del volumen del que se prepara entre Caixaban y Bankia tiene implicaciones más allá del ámbito financiero y puede llegar a afectar a muchos sectores industriales o no, que son directamente dependientes de las financiaciones de las citadas entidades. Uno de ellos sería el ámbito de las energías renovables, que podrían sufrir el efecto de una merma de la compentencia existente en el ámbito bancario. En este caso, la financiación es una herramienta imprescindible para llevar a cabo los proyectos renovables y los inversores muestran un cierto recelo en función de las estrategias que siguen tanto una como otra entidad financiera a la hora de conceder sus créditos. Por ejemplo, se considera a Bankia como uno de los bancos que apuestan con más decisión por el sector renovable, participando en la financiación de parques que no garantizan necesariamente los resultados porque dependen del precio del mercado.

Sin embargo, la estrategia de Caixabank, que en el caso de llevarse a término la fusión sería la entidad dominante, en función de su muy superior volumen de activos, sigue una estrategia con menos riesgo y que se caracteriza por un mayor conservadurismo. En este caso, por ejemplo, no concede financiación a proyectos en los que los ingresos dependan del precio del mercado únicamente y se dedica tan sólo a aquellos que cuentan con el respaldo de contratos de venta de energía a largo plazo. De este modo preocupa que Caixabank pueda imponer en el futuro ese criterio y la entidad fusionada opte sólo por proyectos que aseguren un elevado volumen de ingresos como punto de partida.

Además, también podrían existir dificultades si el proceso de fusión se prolonga en el tiempo y eso impide continuar con planes de financiación ya iniciados, lo que podría implicar retrasos en ciertos proyectos. En este sentido, los inversores confían en la influencia del Gobierno, que debe efectuar una función de vigilancia en el proyecto de fusión y que debería defender en cualquier caso el impulso de las renovables, como eje estratégico de su política de Transición Energética y lucha contra el cambio climático. Sin embargo, también dudan de la relevancia efectiva de esta influencia, teniendo en cuenta la escasa presencia que tendría en el accionariado del banco resultante.

Una política menos activa de la nueva entidad en los proyectos renovables, implicaría que serían otras entidades las que se verían ante la tesitura de asumir su coste, y no sería fácil para otros como el Banco Sabadell, con una presencia ya notable en el sector. Mientras Bankia sólo se situaría por detrás de este último en el volumen de créditos, Caixabank tiene un volumen mucho menor, por detrás de entidades como el Santander o el BBVA. Si la fusión implica un menor acceso al crédito serán las grandes compañías eléctricas o de otros sectores quien ganarían, porque todas ellas tienen una menor necesidad de solicitar financiación.