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Sergio Pomar

El fallecimiento de Sergio Pomar la pasada semana deja mucho más huérfano al colectivo instalador español. Desde su elegancia y su afabilidad, Sergio consiguió transmitir siempre una imagen de naturalidad y modernidad, acorde a la empresa que fundó y en la que ha desarrollado una trayectoria innovadora en el sector, de vanguardia, y siempre con la idea presente de adelantarse al futuro y contribuir a que el propio sector lo hiciera también.

 

Fue pionero en la defensa de intereses de ese mismo colectivo en ámbitos de tanta relevancia como el autoconsumo, y lo hizo sin estridencias y sin reivindicarse, con el convencimiento de que ayudar al entendimiento y sostener una postura común era bueno para el propio sector y también para la sociedad.

En un momento en el que Feníe Energía pasaba por una cierta convulsión interna, su nombramiento como presidente del Consejo de Administración fue la mejor decisión para la compañía. Porque se antojó como una especie de bálsamo, quizá porque no había nadie mejor que él en aquel momento para que el relevo fuese lo más natural y normal posible. Y en su dilatada trayectoria de representación asociativa en los últimos años, tanto a un nivel más local, en la Comunidad Valenciana y en la propia comarca de Ontinyent -su localidad de origen y en la que fue un empresario referente- como a nivel nacional, en la propia Federación, Fenie, y en la relación con la Administración y otras asociaciones empresariales, siempre se ha caracterizado por perseguir un beneficio común, que seguramente quedaba muy lejos de ambiciones e intereses personales, porque luchaba por un colectivo de pymes, de las que su propia empresa ya quedaba lejos por volumen y envergadura.

El colectivo de empresas instaladoras no puede permitirse muchas bajas como la de Sergio, porque era de esos empresarios que le otorgan un relieve y le aportan una dimensión más profunda, más rica y más diversa”

 

Instaladores 2.0 contó varias veces con la participación de Sergio Pomar en debates y encuentros, sin duda porque considerábamos que su aportación resultaba muy interesante para todos, pero también porque siempre nos puso las cosas muy fáciles para poder contar con él. Se lo agradecimos entonces y se lo agradecemos ahora también, aunque ya no nos pueda oír. El colectivo de empresas instaladoras no puede permitirse muchas bajas como la de Sergio, porque era de esos empresarios que le otorgan un relieve y le aportan una dimensión más profunda, más rica y más diversa. A ese enriquecimiento contribuyó con seguridad que se había dedicado en los últimos años a viajar mucho y por muy diferentes lugares. Tal vez para reivindicar por última vez esa pasión, queremos despedirlo con la misma naturalidad y discreción de la que siempre hizo gala y un sencillo ¡Buen viaje, Sergio!