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José Carrillo Martínez

La publicidad es una de las primeras herramientas de marketing a la que una empresa acude cuando las ventas no llegan a los niveles deseados o quiere dar a conocer un nuevo producto. Así es o así debería ser.

Incluso hoy día todavía me encuentro con empresas que piensan que hacer publicidad es hacer marketing. Grave error. Como decía al principio, la publicidad es una de las muchas herramientas que usa el marketing para lograr objetivos concretos, pero no la única, aunque sí la más conocida y denostada.

La publicidad en Internet tiene sus ventajas, pero también sus defectos. Yo mismo me encuentro a veces con empresas que, por el mero hecho de realizar una inversión online esperan que sus ventas se incrementen de forma casi instantánea y mágica. La publicidad, la buena publicidad, te ayuda a darte a conocer entre el público que aún no sabe de ti, mientras que a aquellos que ya te conocen les ayuda a incrementar su confianza en tu negocio, pero no cierra ventas por sí sola. Me temo que debemos ofrecer alguna cosa más en los mensajes y, de forma general, lo único que puedo recomendar es que al igual que ocurre con las redes sociales, los contenidos deben ser de valor. Tu mensaje central debe ser una oferta de valor real para tu target. Sobra decir que debe ser claro de entender.

En términos de medición y retorno de inversión, en Internet se utilizan diferentes herramientas a la de los medios tradicionales. Lo más común es evaluar la cantidad de clicks o aperturas que recibe una página web, un anuncio o un banner. Pero no todo es el click, también hay que valorar la calidad del click, y el tiempo que el usuario pasa en nuestra landing page concreta.

Al extenderse el uso de estas herramientas y las diferentes medidas de la Unión Europea para evitar el uso de cookies de seguimiento y el uso de determinadas herramientas, tipo adblockers, se está produciendo un efecto perverso en la medición de clicks y tiempos de visita, lo que hace que tomar esos valores “medidos” como axiomas pueda ser un tremendo error. ¡Sálvese quién pueda!