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¿Cómo puede afectar la crisis del Coronavirus (COVID – 19) al sector eléctrico?

Uno de los peores factores que pueden adjudicársele a una crisis a la hora de prever los efectos que pueda tener en los mercados en su carácter impredecible. Nada como la incertidumbre para inquietar la estabilidad económica y los bolsillos de quienes tienen el capital en sus manos. La crisis del Coronavirus (COVID-19) que hace unas semanas era una realidad a varios miles de kilómetros de distancia, en una desconocida región del interior de China, ha pasado en días a ser otra mucho más cercana, que invade casi por completo a uno de nuestros países vecinos, hasta el punto de decretar el cierre práctico de sus fronteras y que se va replicando con algunos días de retraso en nuestro propio país.

Resulta impredecible también conocer de qué manera va a afectar a un sector concreto, en este caso el del material eléctrico, y cómo repercutirá en la evolución de un mercado, que no se preveía demasiado boyante para 2020, pero que de momento ha experimentado crecimientos más o menos estables y una evolución que no está por debajo de las mejores previsiones. Hay muchos factores que condicionan el rendimiento de ese mercado, empezando por las posibles dificultades que muchas empresas puedan enfrentar como consecuencia de los problemas en el suministro de materias primas, derivadas del “apagón laboral e industrial” en el que un país de la relevancia para el comercio mundial como es el caso de China lleva sumido ya más de un mes.

Además, los efectos en el retroceso que el turismo español previsiblemente experimentará este año también afectarán a casi todos los sectores económicos, y el eléctrico no va a serlo menos en este caso. Una buena parte de la actividad instaladora, por ejemplo, viene derivada del reclamo turístico que suponen, principalmente las zonas de la costa levantina y andaluza, así como las islas e incluso el resto de la costa.

«Un precio del barril por debajo de los 31 dólares no se alcanzaba desde el año 1991, en medio de la primera Guerra del Golfo»

Y este lunes ha sido también muy significativo por el desplome del precio del petróleo, que ha caído como no lo hacía desde hace tres décadas, hasta situarse en valores por debajo del 30% de lo alcanzado el día anterior. La guerra entre Arabia Saudí y Rusia, que la semana pasada no llegaron a acordar una reducción de la producción, desemboca ahora en que la primera de ellas ha hundido el precio del barril de Brent y aumentará su producción para, a su vez, perjudicar a su rival ruso, cuya producción es notablemente más cara y no puede afrontar la competencia de un precio de crudo barato. Precisamente ese interés por reducir la producción que la semana pasada dirimieron en el seno de la OPEP era consecuencia de la crisis del coronavirus, que parece a obligar a reducir la producción de petróleo ante la previsión de una menor demanda, debida al descenso de actividad derivado de la crisis médica.
Un precio del barril por debajo de los 31 dólares no se alcanzaba desde el año 1991, en medio de la primera Guerra del Golfo, pero es que además, en lo que va de 2020, el Brent ya acumula un descenso del 53 % respecto a los 66 dólares con los que cerró en 2019. Algunos expertos analistas internacionales vaticinan incluso que el descenso del precio será mayor e incluso podría llegar a estar por debajo de los 20 dólares por barril.

«En China, el epicentro de la crisis y el origen de la misma, continúan acumulándose datos para la esperanza, los contagios disminuyen paulatinamente y existe un sentimiento general alrededor de que lo peor de la crisis ya ha pasado»

 

Así las cosas y con las bolsas internacionales desplomándose, también el IBEX, que perdió ayer casi un 8 %, las primas de riesgo se disparan y el diferencial del bono español respecto al alemán supera los 110 puntos básicos, mientras el italiano creció en un día más de 50 puntos. Wall Street cree ya que la crisis del Coronavirus es una de las mayores de su historia, e incluso ayer mismo detuvo la cotización durante 15 minutos como respuesta a un brusco descenso del 7 %.

El problema principal es que nadie sabe dónde puede estar el suelo de esta crisis y si la caída puede seguir prolongándose en función de la evolución de los acontecimientos. Aunque también hay algunos motivos para el optimismo. Por ejemplo, en China, el epicentro de la crisis y el origen de la misma, continúan acumulándose datos para la esperanza, los contagios disminuyen paulatinamente y existe un sentimiento general alrededor de que lo peor de la crisis ya ha pasado. Y también existe una sensación general en torno a un exceso de alarma en la opinión pública, motivada por el exceso de información y el seguimiento detallado de la misma. Como suele ocurrir siempre en las crisis, parece que lo más prudente es no dejarse llevar por las opiniones y las versiones más radicales, tanto en uno como en otro sentido. Mantener a un lado los alarmismos más extremos, sin dejar de actuar con cautela y observar cómo se desarrollan los acontecimientos y cómo es su progresión. Para los mercados y la economía no hay nada mejor que actuar con calma y ser previsibles.