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Un estudio cifra en 30.000 millones la inversión necesaria en la red eléctrica para afrontar la descarbonización

La transición energética plantea nuevos retos para las redes eléctricas, que deberán ser capaces de integrar nueva capacidad no gestionable, permitir la recarga inteligente de millones de vehículos y facilitar una participación activa de la demanda a través de instalaciones de autoconsumo. Para lograr esa adecuación y poder afrontar todos los retos imprescindibles para es modernización y digitalización de la red serían necesarios 30.000 millones de euros hasta el año 2030.

Estos datos se desprenden del estudio llevado a cabo por Deloitte, “La contribución de las redes eléctricas a la descarbonización de la generación eléctrica y la movilidad”, que enfoca el proceso necesario para la consecución de los objetivos medioambientales fijados por la Unión Europea -en emisiones, renovables y mejora de eficiencia energética-. Dichos objetivos exigen un 32% de penetración renovable, para lo que se necesitarán entre 45 y 55 GW de nueva capacidad renovable (más de 60 GW si el objetivo aumentase al 35%). Además hay que tener en cuenta cambios regulatorios como el Real Decreto-Ley 15/2018, que regula el autoconsumo y facilita su penetración (6 GW de potencial económicamente viable, más de 1 millón de instalaciones) y el vehículo eléctrico.

Esta transición plantea nuevos retos para las redes eléctricas, obligadas a gestionar nueva capacidad, permitir la recarga inteligente de millones de vehículos y facilitar una participación activa de la demanda a través de instalaciones de autoconsumo. Serán necesarias inversiones en modernización, digitalización y automatización de la red eléctrica y una planificación integral que las coordine.

En relación con la nueva generación, según el informe de Deloitte, ésta requerirá una operación más compleja del sistema eléctrico español y necesitará nuevos equipos/sistemas de monitorización y predicción para garantizar la seguridad de suministro. Por otro lado, el aumento de la capacidad de interconexión permitirá una mayor eficiencia en la integración de renovables, mejorando la seguridad de suministro y el funcionamiento del mercado eléctrico europeo.

Esta transición plantea nuevos retos para las redes eléctricas, obligadas a gestionar nueva capacidad, permitir la recarga inteligente de millones de vehículos y facilitar una participación activa de la demanda a través de instalaciones de autoconsumo

 

De cara al vehículo eléctrico, es necesario atender ciertos retos que podrían limitar el despliegue de la infraestructura de recarga y, por consiguiente, su penetración: facilitar las inversiones en acometidas, obras y adaptaciones para la recarga privada en edificios residenciales y centros de trabajo; incentivar la recarga inteligente como mecanismo para reducir las necesidades de inversión; conseguir la colaboración de las administraciones locales de cara a la infraestructura de recarga pública, etc.

Respecto al autoconsumo, la integración de más de 1 millón de instalaciones requerirá adaptar la red eléctrica para garantizar la seguridad de suministro. El autoconsumo podría dar lugar a flujos bidireccionales que implicarían nuevos requerimientos para la red.

Estas inversiones irían destinadas a nuevos sensores avanzados que permitan la monitorización en remoto de tensión, flujos, generación o frecuencia; la digitalización de equipos como subestaciones y centros de transformación para automatizar la gestión de las redes y la generación intermitente; algoritmos avanzados para la predicción meteorológica o el mantenimiento predictivo e infraestructuras de comunicaciones (p. ej., fibra óptica) para la gestión eficiente y remota de los recursos distribuidos.

Para facilitar la transición energética y la integración de generación renovable y el vehículo eléctrico, el informe de Deloitte divide en 4 ejes sus recomendaciones: definir una planificación integral que coordine el despliegue renovable e infraestructura de recarga en zonas prioritarias y la inversión en redes, lo que permitiría ofrecer una mayor visibilidad a los agentes para decisiones de inversión; adaptar el marco regulatorio para evitar el bloqueo de capacidad de generación renovable en la red, avanzar en el desarrollo del RDL 15/2018 por el que se define el autoconsumo o facilitar las inversiones en nueva infraestructura de recarga; adaptar el marco tarifario para adecuarlo a los nuevos usos de la transición energética, manteniendo la sostenibilidad del sistema; y, por último, incentivar las inversiones en modernización y digitalización asegurando una retribución financiera atractiva que favorezca el cumplimiento de los objetivos de la Unión Europea y la electrificación de la demanda.